domingo, 9 de diciembre de 2012

Oda a Atenea.



Me encomiendo a las Musas que no intentaste arrebatarme, concediéndome así lo que te pedía, y comienzo así esta Oda para ti, oh, diosa a la que nunca tenía pensado escribir:


Tus ojos de lechuza adquieren el brillo de una enorme Luna
que se retrata en tu impoluto casco,
que se refleja en tus frondosos cabellos.


Tu escudo es un mar de estrellas,
a tu querida Pallas forman uniéndose entre ellas,
sacando a la luz una herida latente en tu corazón.


Nadie como yo entiende tu maternidad y tu huída.
Nescio, pero creo que nadie más ha sentido tanta empatía
en los tortuosos momentos de tu vida.


En sueños y en vida pude besar lo que nadie besó,
tus amargos y castos labios donde escondes el conocimiento;
ávida de éste, metí toda la lengua hacia dentro,
sentí por un instante que me iba al Olimpo impulsada por el viento.


Oro viejo imagino tus ojos pues en ellos se reflejan los viejos escritos.
Oro viejo que representa tu fuerza y grandeza.
Oro viejo que corre por mis venas.
Oro viejo que surca mi cerebro.
Oro viejo que oprime y quema.
Oro viejo, mea Atenea.

Seré breve: Ven



Me duele la espalda, me duele muy adentro, es porque mi piel se acostumbró a tu cuerpo.
Me arrancas de ti y quedo sin esqueleto, no sé como me mantengo en pie.
Bien, aquí estoy, sabes bien que sólo tus brazos calmarán mi dolor,
sabes que sólo éstos me recompondrán con tu amor.
Culpa tuya, nadie te mandó ser tan bella.


Me duele cada partícula de aire que recorre mi cuerpo, es porque me acostumbré a respirar tu aliento.
Me arrancas de ti y quedo sin aire, no sé como aún así puedo suspirarte.
Vale, aquí estoy, sabes bien que sólo de tu boca puedo coger aire,
sabes que si no me ahogaré con las lágrimas que me anegan.
Culpa tuya, nadie te mandó ser sustento.


Me duelen los brazos de intentar volar una y otra vez , es porque me acostumbré a hacerlo de tu mano.
Me arrancas de ti y me caigo en espiral con el humo de cada palabra, no sé como sigo viva.
Bueno, aquí estoy, sabes bien que sólo tus alas me levantarán,
sabes que si no seguiré cayendo hasta el fin.
Culpa tuya, nadie te mandó ser cisne.


Me duelen los ojos de intentar buscarte en la penumbra, es porque me acostumbré a ver a través de tu tacto.
Me arrancas de ti y no veo nada más que recuerdos, no sé como no he perdido la cordura.
Ya ves, aquí estoy, sabes bien que sólo tus caricias me harán ver,
sabes que si no seguiré ciega buscando tus manos.
Culpa tuya, nadie te mandó ser suave.


Me duelen los labios, todo me atraganta, es porque me fui a buscar los besos que cayeron al final de tu garganta.
Me arrancas de ti y se me cortan los labios con ficticias navajas, no sé como no me he desangrado.
De acuerdo, aquí estoy, sabes que sólo el néctar de tu boca puede curarme,
sabes que si no arderé en la hoguera del delirio.
Culpa tuya, nadie te mandó ser musa.


Sabes que, por muy bellos que sean, los recuerdos no llegan a nada, ¿a caso hay más razones para que vengas a fundirte conmigo?.VEN.


P.S: todos mis textos de amor, agonía, mitología y/o sucedáneos, absolutamente todos, van dedicados a una misma mujer, nadie más se ha de dar por aludido. Todo es por y para ella. Ella ya sabe. Y son de mi propiedad, no me gustaría verlos plagiados. Pandora (yo) dixit.

Mi desvelo a ti debido.




Mira la hora que es. No puedo más, te anhelo. Y me moriré dentro de nada, lo sé, porque incluso ahora siento como el corazón se para, como tu ausencia envenena el aire y respirar me mata y, con todo, respiro ansiosa por volver a verte pronto, vida. Siento que me muero por ti y ya no hay marcha atrás. O tus brazos o la muerte. Al parecer hoy me viene a visitar ella. Al parecer manchará mis labios-que siguen siendo tuyos-con su carmín de fulana. Al parecer, como no están tus brazos, me acogen los de ella. 
Mi niña, te amo, te anhelo.
Mi cisne, vuela mientras tu poetisa se desvela.
Mi vida, despierta mientras me atrapa Morfeo.
Mi amor, dame tu beso antes de recibir el de Átropos.
Dame otro después, no quiero que la última en besar mi boca sea ella, quiero que seas tú.
Vida, cógeme en tus brazos y dame lo que eres, vida.
Amor, no dejes que me caiga, que ya me veo en el suelo.
Alma, júntate conmigo, con tu trozo de esencia perdido en lo inexorable del tiempo.
Pájaro de Música, elévate con las notas de las vetustas partituras.
Mi consentida, guarda con recelo las caricias mías a ti debidas.
Mi amor clandestino, no dejes que me queme en la incertidumbre del sino.
Mi secreto, solo tú y yo sabemos lo que verdaderamente es correcto.
Querida mía, lo que daría yo por un segundo de tus labios.
Amada mía, mataría por una milésima de segundo entre tus brazos.
Cariño mío, sólo tú y yo sabemos lo zorra que es la vida, lo putas que son las horas que se prostituyen con los días.
Pero yo soy más furcia que ellas, lo que haría yo por un segundo de Tu et Ego.


P.S: todos mis textos de amor, agonía, mitología y/o sucedáneos, absolutamente todos, van dedicados a una misma mujer, nadie más se ha de dar por aludido. Todo es por y para ella. Ella ya sabe. Y son de mi propiedad, no me gustaría verlos plagiados. Pandora (yo) dixit.

Tempus



El eco de mi voz enmudece en la agonía de no tenerte cerca y estalla en tu sonrisa, en cada una de tus miradas.
Agonizo y reiteradas veces muero con el olor de tu piel,
te anhelo, te anhelo, te huelo a escondidas.
Me paro a pensar los parajes más insólitos de tu piel,
esos que la Luna tanto añora ver.


Las mañanas se tiñen de sangre porque no estás.
Las noches se funden con lágrimas porque te vas.
Las tardes ni me las quiero imaginar.
Las horas avanzan lentas,
¡qué crueldad!.

Las horas van derritiéndose por la inhóspita ciudad,
se funden en las colillas que los "yonkis" dejan al fumar,
se esconden entre las botellas medio vacías de algún bar,
se pierden en cualquier bosque para aullar,
todo por hacerme desesperar,
todo por no avanzar,
¡miserables!.

Se juntan con los perros y sanguinolientos segundos
y se follan pagando a los desalmados minutos.
Sin ti, vida, en las calles sólo veo esputos
que dejan los transeúntes,
que pintan las aceras,
¡quimeras!.

Contigo, amor, las muy cruentas suelen acelerar,
me quieren viciar,
como si la heroína de tus labios no me tuviera presa ya.
¡Ja!.

Tengo el mono, no consigo, no me puedo dejar de rascar,
antes tu crema me solía calmar,
ahora incluso me hace rabiar
por entre tus brazos no estar,
¡ven!.

Como un animal herido me vuelvo a mi guarida,
puede, a pesar de todo, que con algún que otro instinto suicida.
Sé que sólo en tus brazos volveré a la vida;
que el no tenerte me sirva de escarmiento,
mientras tanto, alma,
¡memento!.



P.S: todos mis textos de amor, agonía, mitología y/o sucedáneos, absolutamente todos, van dedicados a una misma mujer, nadie más se ha de dar por aludido. Todo es por y para ella. Ella ya sabe. Y son de mi propiedad, no me gustaría verlos plagiados. Pandora (yo) dixit.